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PARA CANTAR HAY QUE ABRIR LAS ALAS

hace 11 minutos
3 min de lectura

Autora: LUZ MILENA LÓPEZ JIMÉNEZ. FMA (Colombia)


Durante mis Ejercicios Espirituales (que viví en junio) me senté bajo un árbol para contemplar, como nos dijo nuestra predicadora, la Hna. Martha Inés Restrepo: Contemplar es mirar despacio. En esa dinámica me animé a realizar el ejercicio de sentarme, de sentir el sol en mi rostro y la suave brisa que me susurraba juguetona en mis oídos. Pero lo más sorprendente es que, al estar en un lugar donde hay mucha vegetación, tuve el regalo de presenciar un encantador concierto de un pajarito que me dejó fascinada por la elegancia de su canto.

El pajarito no sabía que yo lo estaba observando. Con toda seguridad, empoderado en la rama que lo sostenía, entonaba como todo un experto sus notas más afinadas. Lo hacía con una maestría y al mismo tiempo con una espontaneidad, tal vez porque no estaba interesado en complacer a ningún público y era precisamente su autenticidad lo que lo hacía tan bello y único. Embelesada en este ejercicio de mirar despacio (contemplar), me llamó la atención un detalle que será el objeto de esta reflexión. Cada vez que cantaba, abría sus frágiles alas. Es decir, no salía la sinfonía de su emplumado pechito hasta no realizar el ejercicio de extender sus alas, no para escapar, sino para afirmarse y sacar la melodía más fascinante que habitaba su interior. Era como si hubiese una sintonía y sincronización entre la voz (yo existo) y alzar el vuelo (soy libre).

Este acontecimiento me llevó a reflexionar que para cantar en la vida hay que abrir las alas… Y las mujeres, ¿cómo pueden cantar en la vida? Cuando existen lugares como en Afganistán, en donde el régimen talibán, con su sistema de apartheid de género, ha realizado numerosas prohibiciones a las mujeres, entre ellas hablar, cantar, reír o leer en voz alta en público y en el interior de sus propias casas. O cuando en Estados Unidos existen grupos ultraconservadores, promotores y promotoras del movimiento tradwife que se atreven a proponer el 'household voting' o 'voto por hogar'. Lo anterior, con la intención de acallar el canto de tantas mujeres en la historia que abrieron sus alas para lograr el derecho al sufragio femenino y tantos derechos que ahora podemos disfrutar.

¿Cómo cantar y abrir las alas? Como mujeres cantamos cuando defendemos nuestro derecho de hablar con voz propia en público, en privado, en los estamentos históricamente masculinos, en los caminos alternativos, en el espesor y cotidianidad de cada jornada. Se canta en el encuentro con las otras, con los otros… En tiempos de tanta polarización como los que se viven en Colombia, cuánto bien haríamos que se cantara con quien piensa diferente, sin anular su canto porque sus notas son diversas o su tono de voz es diferente. ¿Por qué no abrir las alas y volar más allá de la simpatía por izquierda o derecha, por un extremo o el otro, y más bien juntos y juntas cantar lo que nos hermana, lo que nos humana?

Cantar abriendo las alas nos recuerda que aún tenemos la magia de las manos para construir una sociedad más compasiva, que todavía tenemos brazos para acunar, acoger, cuidar, consolar y para abrazar la fragilidad, belleza y humanidad, tanto la propia como la de los demás.

Agradezco a ese bello pajarito que fue mi maestro desde la cátedra de esa diminuta rama con la importante lección: que para cantar en la vida es importante abrir las alas y ser esperanza para el mundo, como bien lo expresa la poeta Emily Dickinson en su poema “La esperanza es esa cosa con plumas” (Hope is the thing with feathers): “La esperanza es esa cosa con plumas, que se posa en el alma, y canta la melodía sin palabra y nunca se detiene en absoluto”.


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