"LOS TRAPOS SUCIOS SE LAVAN EN CASA”


YOLANDA CHAVES, yolachavez66@gmail.com;
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com;
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com LOS ÁNGELES; MADRID; BUENOS AIRES.

ECLESALIA, 03/12/21.- Los refranes están cargados de sabiduría y sentido común, tanto para expresar lo bueno como para camuflar lo malo. Forman parte del ideario popular y hay que prestarles la debida atención.

¿Qué quiere decir “Los trapos sucios se lavan en casa”? Abstenerse de dar explicaciones fuera del ámbito familiar de las diferencias y problemas que se puedan vivir con los más cercanos. Hacer silencio hacia el exterior y tratar de resolver de puertas adentro.

El refrán se refiere al ámbito familiar pero, desgraciadamente, los trapos sucios aparecen en todos ámbitos donde el ser humano convive con otros.

Esto, si estamos atentos, debe suscitar especial inquietud ante cuestiones serias y preocupantes, en las que vamos a adentrarnos en forma de preguntas directas:

¿Y si no se quieren resolverlos problemas y diferencias? ¿Y si esa falta de resolución está ocasionando víctimas y verdugos? ¿Y si el silencio se convierte en arma mortífera que puede llegar a situaciones que atenten contra la dignidad de alguien que vive en ese entorno? ¿Y si los trapos sucios no son tal sino actos delictivos penalizados por las leyes? ¿Y si quienes los sufren quedan presos de un silencio mafioso que les impide vivir? ¿Y si la víctima no tiene recursos para tomar decisiones tajantes para salir de la situación porque ni siquiera es un adulto? ¿Y si la víctima ha sido acosada de tal forma que ha perdido su autoestima y sólo el miedo reina en su interior?¿Y si vive en la comprensión de que es culpable y no víctima? ¿Y si el acosador tiene capacidad de manipular física, psíquica y espiritualmente a su víctima? Estamos ante el horror de los trapos sucios… cada vez más sucios.

¡Basta!… hay que poner los trapos sucios a remojar en agua y jabón, pero no es suficiente. Habrá que seguir trabajando para que dejen de ser trapos sucios o a medio limpiar, y seguir un proceso que devuelva a su ser lo que estaba sucio, era feo y olía mal.

Lo primero será tender los trapos al aire libre para que se oreen y vayan secándose, y al sol que conseguirá blanquear lo que parecía imposible.

Tender, Orear y Blanquear significan pedir perdón, dar luz y transparencia, hacer justicia por los delitos cometidos contra inocentes, indemnizar económicamente (aunque el dinero no cura las heridas del alma) y, por supuesto, no encubrir a los causantes de tanto sufrimiento.

Ningún trapo sucio quede arrinconado en las sucias cavernas de quien acosó, violó, abusó de una niña, de un niño, de una mujer y se vaya de rositas (refrán popular español) o se quede tan campante (refrán popular mexicano), libre de juicio y de culpa.

Ningún trapo sucio escondido en los desvanes de instituciones de todo tipo quede sumergido en la imagen y las siglas, sin abrir puertas y restituir a quienes fueron dañados.

Hay una institución que ya no puede seguir posponiendo el asumir que tiene una especial responsabilidad en sacar a la luz y a la justicia, pidiendo perdón desde el corazón y restituyendo el mal hecho en los casos de pederastia clerical.

De lo que estamos tratado no es cosa que pudiéramos denominar peccata minuta (expresión latina), es decir, un pequeño error o una falta sin importancia.

No hay casos pequeños en el horror del que hablamos. Un solo caso es lo mismo que novecientos… o miles. Cada víctima es única, como hijo e hija de Dios. Únicos. La Iglesia es Madre y sus representantes han de responder ante cada víctima.

Lo primero e inevitable debe ser escuchar en primera persona a quienes han sufrido tanto dolor. ¿Cómo responder sin antes escuchar? ¿Cómo responder si se ha perdido el amor y el respeto por el otro? No se evadan. No sigan cometiendo el error de mirar para otro lado como en la parábola del samaritano.

No es justo que los casos de pederastia clerical caigan como lava de volcán sobre los sacerdotes que han sido fieles a su misión, que han dedicado su vida a hacer el bien, escuchar, acompañar, enseñar y atender a quienes necesitan de su ayuda. No podemos generalizar porque no sería justo, lo mismo que no podemos aceptar un argumento simplista, reduccionista y a la defensiva de algo tan doloroso y delicado como esto.


Vayamos a la hoja de ruta: ¿Cómo resolvería Jesús?… está escrito (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).


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