Una convocatoria a les Egúngún [i], sabiduría nuestra. Carmen Margarita Sánchez de León



…mi abuela es como la tierra, tú sabes:

mujer helicoidal que extiende su ceiba seca

a contrapunto, a contraluz,

para trenzar la ruta que el viento ha de seguir al día

y obligarlo a entregar

los huevos y obeliscos de anteayer.

Ella es así, mi abuela,

basta que pase los pies por el cemento

para que la brea libere retículos de pájaros

mientras llegaba el progreso,

basta que los lleve con su escoba hasta sus piernas

para que recuperen ese grado amplio y permisivo

de triángulos en el cielo y en la boca.

Mi abuela es como la tierra, tú sabes:

hambrienta mujer inexpugnable

que extiende sus greñas

a las abejas instalando minuteros,

a las raíces latentes

sólo a ella hablándole al oído

y que las reconoce

como salidas de una misma vulva omnímoda

otorgándoles clemencia para seguir almacenando

jugos, sabiduría y sortilegios.

Fragmento del poema “Conjuro de anamú”, (Santos-Febres, 1991).

Cuando las pieles llevan heridas ancestrales, cuando la memoria nos habla de resistencia, cuando el corazón se agita porque la lucha no termina, entonces, los lenguajes de la poesía, de la música, del arte y del baile son imprescindibles para contar las historias. Las historias de millones de mujeres que fueron esclavizadas durante la trata transatlántica de esclaves. Ese momento histórico fue el que vio nacer el enriquecimiento y poder de los gobiernos europeos, gestó el nacimiento del capitalismo, desarrolló la ideología de la raza (Quijano, 2020) y del género que aún nos acompañan hoy, es decir, acunó el nacimiento de la supremacía blanca. A siglos de distancia de estos sucesos, necesitamos exorcizarnos de los demonios de la jerarquización de personas basadas en el invento de la raza, y las categorías de colorismos.

Si bien es cierto que del continente africano fueron esclavizadas personas diversas en género, definidas como hombres y mujeres, también es cierto que esta categoría de la raza ha tenido y tiene un impacto diferente en las mujeres negras y afrodescendientes. Las mujeres negras fueron consideradas vientres generadores de mano de obra esclavizada, además de ser sujetas a las mismas condiciones de trabajo esclavo que los hombres. La teórica María Lugones afirma que, históricamente, en Occidente, solo las mujeres blancas han sido contadas como mujeres (Lugones, 2008). Más aún habría que preguntarse si las mujeres negras hemos sido una construcción occidental así como la pensadora nigeriana Oyěwùmí, plantea la construcción las mujeres africanas como sujetas de los sistemas coloniales (Oyěwùmí, 2017). Las mujeres negras y/o afrodescendientes hemos sido colocadas en otras categorías, como hembras reproductoras y posteriormente nuestras cuerpas ha sido hipersexualizados, cosificados y estereotipados. Es por eso por lo que fuimos víctimas de proyectos de eugenesia (Washington, 2007) (Guazo, 2005) y la razón por la cual el porciento de abusos sexuales contra las mujeres y las niñas negras e indígenas es significativamente más alto que el de las mujeres blancas o mestizas.

A pesar de la opresión avasallante de los sistemas políticos y económicos, las mujeres negras y afrodescendientes hemos ido más allá del papel víctimas y de sumisión, para forjar nuestras luchas y crear los cambios que nuestras sociedades necesitan para ser verdaderamente espacios descolonizados, antirracistas y despatriarcalizados. Es decir, resignificamos la identidad que nos ha sido impuesta y desde esas identidades resignificadas hemos combatido el racismo (Rivera-Lassén, 2014), que está tan adentro de todas nuestras sociedades.

Con ese espíritu de lucha mujeres de 32 países convocaron el 25 de julio de 1992 en República Dominicana el Primer Encuentro de mujeres negras latinoamericanas y caribeñas con el propósito de crear redes que apoyarán la articulación de movimientos de mujeres negras de América Latina y el Caribe; para elaborar instrumentos políticos de reflexión y propuestas para el desarrollo de las mujeres afrodescendientes. Para reconocer esa gesta inicial se declara el 25 de Julio como el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora hoy conocido como Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente.

Es importante mencionar que el concepto afrodescendiente, surge en la reunión regional llevada a cabo en Santiago de Chile, en diciembre de 2000 que fue preparatoria para la Cumbre Mundial Contra el Racismo del 2001 en Durban, Sudáfrica. La palabra afrodescendiente deconstruye el término colonial: negro, para hacer emerger una sujeta política en resistencia y que no es únicamente victimizada sino que se levanta como una comunidad que trasciende las fronteras nacionales al ser afrodiaspórica. Estas comunidades buscan nuevas maneras de nombrarse y reconocerse, las identidades políticas de las mujeres afrodescendientes se expresan de diversas maneras bien sea reivindicándose como mujeres negras, afro mexicanas, afroargentinas, afrocolombianas, afrocaribeñas o afrodescendientes, también hay un reclamo cultural al autonombrarse como mujeres raizales y palenqueras en Colombia; o desde lo étnico, como las mujeres garífunas en Centroamérica (Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua). Estas identidades flexibles y múltiples son forjadas en procesos históricos que tienen como objetivo la reivindicación política.

Aún dentro de estos esfuerzos de resistencias políticas, y a pesar del establecimiento del Decenio Internacional de los Afrodescendientes establecido por las Naciones Unidas para el período 2015-2024, los derechos de las mujeres negras y afrodescendientes continúan en un retraso significativo (CEPAL, 2018). La lucha continúa y va estableciéndose en varios espacios sociales. Hoy en día es muy difícil no reconocer el concepto de superioridad blanca, ni desconocer que las narrativas oficialistas latinoamericanas de las grandes familias nacionales, de la gran casa, la raza cósmica son intentos de hacer invisible las historias de opresión de las comunidades afrodiaspóricas y la explotación de los pueblos fundantes, en beneficio de la homogeneidad y del emblanquecimiento de nuestras sociedades. Se trata de un proyecto de occidentalización para hacernos olvidar los saberes ancestrales, las otras maneras de entender y vivir la vida.

El llamado es a rescatar las memorias e historias no sabidas, a hacer visibles los innumerables aportes a la vida de nuestros países de las mujeres negras y afrodescendientes. El proyecto es establecer una justicia racial para obtener autonomía económica, disminuir las brechas educativas y tecnológicas, recuperar la totalidad de nuestras identidades simplemente humanas y en última instancia poder desvestirnos del sistema colonial bajo el cual las nuevas fronteras nacionales han sido pensadas y construidas.

Aún hay mucho por revisar en el quehacer teológico, la descolonización del cristianismo sigue siendo una tarea urgente. Es necesario mantener un diálogo más intenso y sororal con las espiritualidades de matriz africana, es necesario entender todas las instancias desde donde se reproduce el racismo bien en la liturgia, en las imágenes iconográficas, en las metáforas de la divinidad y en la praxis pastoral. Quizás como teólogas negras debemos pensar cómo celebrar el poder de las Egúngún, nuestras antepasadas y nuestras ancestras que abrieron el camino para nosotras hoy. Tal vez encontrar nuevas voces para la Sofía en la sexualidad Ochún, espiritualidad yoruba de lo erótico y del amor libre y sin ataduras o en Oyá, la guerra, señora del viento, del fuego y de los truenos que representa el poder de las mujeres. Quizás volver a visitar a Sofía desde Obatalá siempre andrógene, siempre difuse, fuerza de la tierra y del cielo, o desde mi Madre Yemayá señora del mar y de la luna que regula los jugos vitales de la menstruación esa sangre sagrada de las mujeres negras que se arrancó en violento sacrificio para amasar a nuestros pueblos, desde úteros que fueron y son el cáliz de nuestra propia eucaristía. Las mujeres negras y afrodescendientes somos hijas de Agar, vientre de alquiler para Sara la esposa de Abraham. Agar tuvo la sabiduría de reconocer a la Divinidad en medio de la desolación del desierto y nombrarle “La Que Ve”. Las Egúngún y “La Que Ve”, nos llaman hoy y siempre a continuar la jornada, la lucha la subversiva, la que nos reconstruye continua.

▶Miriam Makeba - A Luta Continue (In concert 1980) - YouTube [ii]

Abuela,

si tú fueras iyalocha[iii] todavía me dirías

“hija de Yemayá

carne salina”

y yo te entendería

a pesar de personas planchaditas

que me dicen

“enfermedad vernácula

anécdota de tierra

mito hueco para algunos antropólogos.

zambúllete en el mainstream minoritario.

lee a Safo.”

o la leo, abuela

pero iyami[iv] me sigue reclamando

con la mano llena de caracoles sabios

de amantes y machetes

para cuando la lucha arrecia.

yo soy sal, abuela

sal negra que entiende a Safo

desde el sabor del hueso propio

y no tengo intención de plancharme

ni una greña más. (Santos-Febres, 1991)

Bibliografía

CEPAL. (2018). Mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe. Deudas de Igualdad. Santiago: CEPAL.

Guazo, L. S. (2005). Eugenesia y racismo en México. Mexico: Universidad Nacional Autónoma de México.

Lugones, M. (2008). Colonialidad y Género. Tabula Rasa, 73-101.

Oyěwùmí, O. (2017). LA invención de las mujeres Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género. Bogotá: Editoral En La Frontera.

Quijano, A. (2020). De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires: CLACSO.

Rivera-Lassén, A. I. (2014). Mujeres afrodescendientes: la mirada trabada en las intersecciones de organización por raza y género. Brasilia: CEPAL.

Santos-Febres, M. (1991). Anamú y Manigua. Carolina: Iguana Dorada.

Washington, H. A. (2007). Medical Aparheid Dark History of Medical Experimentation on Black Americans from Colonial Times to the Present. New York: Harlem Monn.

[i] Egún o Egúngún, tiene diversos desenvolvimientos lingüísticos en las tradiciones del candomblé y la santería, sin embargo en su raíz yoruba significa lo que viene antes de mi. Egungún es concepto vital para la espiritualidad yoruba pues es la fuerza desde donde venimos, les ancestros y a la misma vez la humanidad toda. Las ofrendas a Egúngún se hacen aunque no sepamos los nombres de los que nos antecedieron, somos porque elles fueron y son.

[ii] A luta Continua fue el himno para celebrar la independencia de Mozambique, quizás para recordar, cómo habría de ser que el proceso de independencia de Portugal no bastaría para la consecución de una vida más justa. A luta continua nos recuerda la reflexión teológica de Ivone Gebara en la Conferencia Magistral Báez Camargo en la Comunidad Teológica de México 2021, en donde plantea, que llegamos a momentos de justicia, pero no a la justicia como proyecto utópico, entonces a luta continua, En este video la canción es interpretada por la inolvidable Miriam Makeba, Mamá África.

[iii] Iyalocha es quien tiene la facultad de interpretar los oráculos e iniciar a otres en la religión.

[iv] Iyami son las ancianas y las hechiceras de la comunidad.


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