Sínodo de la Sinodalidad. Mary Hunt*

Compartimos con ustedes el artículo traducido al español de la teóloga Mary Hunt, por Patricia Paz, miembro de la Comisión Editorial de Tras las huellas de Sophía




El Sínodo de la Sinodalidad que el Papa Francisco ha lanzado sin bombos ni platillos este mes, es el último esfuerzo de Vaticano para lograr la cuadratura del círculo. Está pensado para que participe toda la Iglesia, el billón y pico de personas que la integran, en un proceso de “caminar juntos”, aunque nadie parece saber hacia dónde y cómo.

Los sociólogos podrían observar que muchos Católicos ya han tenido su propio sínodo y se han ido. Observadores casuales de las religiones podrían ser perdonados por no saber qué es lo que está pasando. Estudiantes serios harían bien en hacer las preguntas difíciles para que la atención y las energías no se desvíen de búsquedas más valiosas. En el espíritu de la filósofa y teóloga feminista ya fallecida, Mary Daly, esto trata más de “pecar de manera peculiar” (sinning oddly) que un Sínodo.

Un Sínodo es generalmente pensado como una asamblea o reunión; para los Católicos, una reunión de obispos que toman decisiones en una iglesia jerárquica. El Vaticano insiste obstinadamente que un Sínodo no es un lugar, una cosa, o un evento. En vez lo llaman un proceso, algo que se va desarrollando en diferentes etapas, que debería desplegarse de abajo para arriba. Se dice que debe incluir a muchas y variadas personas cuyos puntos de vista serán tomados en cuenta. Desgraciadamente, hay motivos estructurales por los cuales dicho proceso no puede realizarse. Sin la inclusión plena de las mujeres en cada aspecto de la vida eclesial, simplemente no se da ese “caminar juntos”

Aún si hablan un billón de personas, solamente una fracción de los cinco mil obispos que hay en el mundo puede votar, un Papa el que va a decidir el resultado del proceso. Esto no tiene nada de nuevo ni de “sinodal”. Esto solamente refuerza y actualiza a la jerarquía y mantiene ocupados a la mayoría de los Católicos que no forman parte de dicha jerarquía. Pueden pensar de buena fe que están contribuyendo en un proceso colegiado. Pero sin poder de voto, ni responsabilidad o transparencia en como se generan, transmiten y analizan los aportes, y ni que decir de cómo se implementan las conclusiones, este signo es una mala apuesta para los laicos.

Es una movida de relaciones publicas inteligente de parte de la institución, una forma de tratar de ponerse a tiro y cooptar a aquellos, que enojados, se van alejando del Catolicismo institucional para llevarlos a formas más, perdón por el término, sinodales de ser Iglesia. Hasta donde yo sé, los números del presupuesto no se han hecho públicos. ¿Cómo estará siendo financiado este trabajo, especialmente en los países pobres?

Una persona del medio diocesano me dijo que no había presupuesto para este proyecto ya que no había ningún costo nuevo involucrado. Puedo creer esto, es un signo de la insignificancia que tiene, o de la cantidad de gente que anda dando vuelta por las cancillerías buscando algo para hacer. De cualquier manera el reporte-de diez-páginas-de cada diócesis requerido por el Vaticano no deja demasiado lugar para profundizar o entrar en detalle, y ofrece una excusa fácil de porqué ciertas cuestiones, digamos ciertos problemas embarazosos, retorcidos, probablemente no salgan a la luz.

En un tiempo donde el prestigio de la institución está por el subsuelo, sino pregúntenles a los cientos de miles de víctimas de abuso sexual por parte del clero en Francia (https://www.nytimes.com/2021/10/08/world/europe/france-church-sex-abuse.html), sólo por tomar una pequeña muestra, es obvio porqué algunos en el Vaticano, incluyendo al Papa Francisco, quieren cambiar la retórica y la iconografía. Una sola foto más de obispos vestidos con sus sotanas reunidos en un sínodo, no es la respuesta a sus oraciones. Pero este proceso híbrido corre un riesgo cierto de estar usando a las personas, y distrayendo de importantes trabajos a favor de la justicia, cuando no hay ningún signo de cambio estructural en dichos trabajos.

Incluso el título de este proyecto es ambiguo: Un Sínodo sobre la Sinodalidad. Más de un profesor de lengua inglesa le habrá enseñado a sus alumnos a no escribir cosas tales como “una caminata sobre caminando” o “una reunión sobre reuniones”. Este título confuso hace obvio que estamos ante una idea poco pensada.

Nadie que yo conozca ha leído realmente el Documento Preparatorio, “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación, Misión”, mucho menos han leído el VADEMECUM, o Instructivo que sirve de guía. Algo acerca de los colores vivos y los dibujos caprichosos en estos documentos- los gráficos de los niños pequeños marcando el camino son demasiado adorables para ser creíbles. Daría la impresión de que esto es llevado a cabo por gente de los medios de comunicación con poca idea de cómo este proceso va a cambiar algo. Quizás esto sea así, porque la intención no es cambiar nada esencial.

Pareceré escéptica, pero frases como “compañeros de camino”, “corresponsables en la misión” y “obediencia común al Espíritu” tienen poco parecido con la realidad. Estas frases espiritualizadas, estilizadas, por no decir poco confiables, hacen un texto maravilloso. Pero no tienen ningún parecido con una Iglesia donde las mujeres tienen categóricamente prohibido el sacerdocio y por lo tanto cualquier toma de decisión, donde las personas del colectivo LGBTIQ+ son vistas como productos de la “ideología de género” y consideradas no aptas para el matrimonio sacramental ni para ser empleadas en muchas instituciones Católicas; donde personas divorciadas y vueltas a casar no son bienvenidas a compartir la Comunión; donde mujeres que han tenido abortos o se han ordenado sacerdotes son excomulgadas. ¿Con quiénes somos compañeros y corresponsables, y quién obedece a quién?

El ´proceso´ llama a las Iglesias locales a compartir sus percepciones con sus diócesis, luego las diócesis u otros grupos elegidos (por ejemplo, congregaciones religiosas a través de sus conferencias, facultades de teología a través de Dios sabe quién) comparten sus síntesis con sus respectivas conferencias episcopales. Los documentos resultantes van a ser discutidos en siete encuentros continentales de obispos, luego afinados en un documento de trabajo final a ser discutido por los obispos en la Asamblea del Sínodo de obispos en el 2023. ¿Quienes están ausentes en ese cuadro? Las mujeres y los no ordenados, para empezar.

La contradicción primaria es que este proceso sinodal está teniendo lugar en una Iglesia kyriarcal- o sea en una Iglesia vertical- cargada de formas de opresión que se entrecruzan. “Caminando juntos”, mientras pueda sonar lindo, es virtualmente imposible sin cambios estructurales sustantivos. Con la estructura actual, algunos Católicos, mayormente el clero, caminarán por senderos prolijamente preparados. Será un paseo que los acomodará en los mejores asientos.

La mayoría de las mujeres, personas LGBTIQ+, Católicos divorciados y vueltos a casar y otras persona podrán estar en el mismo sendero, pero encontrarán a su paso enormes rocas, montañas incluso. Y la mayoría de las ´personas carecerán de tiempo, energía, salud o inclinación por caminar por un sendero que no han elegido, yendo a uno destino que no pueden escoger, junto a personas que no se detienen el tiempo suficiente para darles la mínima bienvenida y que mucho menos están dispuestas a cambiar la estructura para que puedan participar como iguales.

Sínodos recientes, por ejemplo en el 2014 de la Familia, en el 2018 de los Jóvenes y en el 2019 en la región Pan Amazónica no inspiran ninguna confianza de que este va a ser mejor, sólo una versión a mayor escala de lo mismo. Por ejemplo, hubo muchas esperanzas puestas en el Sínodo Amazónico con un Papa latinoamericano. Pero la bien documentada solicitud para incluir a las mujeres en el ministerio ordenado y que hombres casados fueran ordenados como sacerdotes se evaporaron cuando se juntaron los votos y emergió el documento papal. ¿Qué motivaría entonces a estas personas cuyas esperanzas fueron frustradas para empezar todo de vuelta, para morder el mismo anzuelo de la inclusión, y que les dieran piedras cuando pedían pan?

Una novedad ésta vez es que la hermana francesa Nathalie Becquart, subsecretaria del Sínodo de Obispos, podría ser la primera mujer que vote en un Sínodo. Esto está lejos de ser un trato hecho, pero ya que la persona en su posición ha sido siempre un obispo y ha votado, se habla de que ella realmente podría hacerlo.

El Consejo Plenario en Australia es una especie de prototipo de este proceso global. Empezó en el 2016 en el centro de los problemas de abuso sexual allí, y terminará en el 2022 con una segunda reunión de los delegados antes del Sínodo de Obispos global en el 2023. Si los informes acerca de los defectos de los encuentros australianos son alguna señal, hay varios problemas predecibles en el proceso global.

No existe ningún mecanismo, y mucho menos confianza, de que las cuestiones que sean propuestas por los participantes, sean incluidas en el informe. Los expertos australianos dicen que las señales tempranas decían que las cuestiones relacionadas con las mujeres y el grupo LGBTIQ+ eran tendencia en las discusiones, pero hay poca evidencia de ellas en el documento de trabajo. Este incluye, sin embargo, una grosera subestimación: “la poca representación de las mujeres en roles de liderazgo formal y de toma de decisión es percibido en Australia como un desafío”.

¿Percibido?

Además, la delegación, de al menos una diócesis australiana, estaba limitada a empleados de la arquidiócesis o a académicos de universidades católicas. Podríamos perfectamente anticipar que los obispos de todo el mundo que van a ser elegidos como delegados para la asamblea del 2023 van a ser de cierto pelaje también.

Un entusiasta del Sínodo habló recientemente acerca del valor del proceso y de que, a pesar de sus defectos, la gente debería participar de todo corazón. Recomendó llamar a la oficina del obispo de la zona para averiguar dónde y cuándo uno puede presenciar una sesión como oyente. Para ser justa llamé al obispo que corresponde a mi domicilio, el Arzobispo de Washington DC. De su oficina me redirigieron amablemente a la Oficina de Asuntos Sociales donde fui atendida por una grabación. Dejé mi nombre, número de teléfono y dirección de correo electrónico dos veces, pero no recibí ninguna respuesta.

Finalmente, como respuesta a mi último correo, fui dirigida a tres parroquias que figuraban en mi código postal para que averiguara acerca de ir a las sesiones de escucha. Un sacerdote de una de las tres parroquias que contacté me respondió amablemente, pero me tuvo que anunciar que la parroquia no tenía nada planeado aún. Me aseguró que iban a hacer lo que la diócesis les ordenara.

Una encuesta reciente (https:/americamagazine.org/faith/2021/10/18/synod-bishops.us-dioces-plan-241671) entre los empleados de la revista América confirmó mis sospechas de que el proceso va hacia un comienzo turbulento:

“De las 196 iglesias contactadas por la revista America durante el mes pasado, 105 no respondieron para hacer algún comentario. (Entre estas hay tres iglesias que fueron contactadas a último momento. Este artículo se actualizará para reflejar sus respuestas.) De las 91 que sí respondieron, la gran mayoría había planeado una misa de apertura, alrededor de dos tercios había nombrado un coordinador local, y 35 tenían organizado un plan para llegar a otras parroquias y juntar información. A pesar de las instrucciones del Vaticano (https:/www.synod.va/content/dam/synod/document/common/vademécum/VademecumEN-A4.pdf) de que había que tener especial cuidado para involucrar a aquellas personas que estaban en riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes, personas mayores, personas que viven en la pobreza, católicos que casi nunca practican su fe, etc…, sólo unos pocos describieron planes específicos para llegar a esos grupos.”

No estoy recomendando a mis amigos, especialmente a aquellos que no están conectados a sus parroquias, que mantengan sus teléfonos abiertos.

En su última reunión en junio de 2021, los obispos católicos de Estados Unidos no hablaron para nada del Sínodo, a pesar de saber que estaba programado para empezar cuatro meses más tarde. Han reservado cuarenta y cinco minutos de su agenda de la Reunión de noviembre 2021 para discutir acerca de qué ha promovido el proceso que más ha cambiado la vida de la comunidad católica alrededor del mundo desde el Vaticano II. Hay una profunda desconexión aquí entre retórica y realidad.

Muchos obispos, especialmente los más conservadores, están directamente faltando al respeto, o, según se rumora, ignorando el tema completamente, quizás considerándolo otra de las locuras de Francisco. Otros aparentan que hacen el esfuerzo. Aunque otros en realidad lo intentan a sabiendas de que la posibilidad de lograrlo es muy escasa. Este Sínodo podría ser el caso de “la cola que menea al perro si los laicos católicos se lo toman más en serio que los clérigos que están a cargo.

Clérigos inteligentes, tanto progresistas como conservadores, se dan cuenta de que en el mejor de todos los mundos posibles, el resultado sería desempoderar su clericalismo y construir una Iglesia mucho más horizontal. Están actuando en consecuencia: los conservadores deseando que se le acabe el tiempo al papado de Francisco y los progresistas, actuando, pero con su cautela característica.

Recursos financieros escasos, poco entusiasmo popular, y la imposibilidad de hacer la cuadratura del círculo kyriarcal, todo, garantiza que el Sínodo de la Sinodalidad no va a cambiar casi nada. Este nuevo objeto brillante queda sin lustre antes de ver la luz del día. Mi esperanza es que no distraiga a las personas de hacer el serio trabajo de dar de comer al hambriento, darle la bienvenida al inmigrante, cuidar el medioambiente y erradicar la injusticia que agrava aún más la herida. Eso sería realmente “to sin oddly” o pecar de manera peculiar.


*Mensaje original: https://religiondispatches.org/synod-or-sin-oddly-vatican-encourages-catholics-to-walk-together-as-long-as-the-hierarchy-leads-the-way-and-decides-the-route/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=synod-or-sin-oddly-vatican-encourages-catholics-to-walk-together-as-long-as-the-hierarchy-leads-the-way-and-decides-the-route&fbclid=IwAR35t2QKXuUbVOo8Ph2r078EUM-jTANWnknTNHAwi5C1KMssDdzRsePdyYo









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